martes, 6 de agosto de 2019

HAY QUE MIRAR AL FUTURO

      La intransigencia es enemiga de la democracia pero habita, tanto en la extrema derecha como en la extrema izquierda y, sobre todo, hay olvidarse, de una vez, de una guerra que pasó hace más de sesenta años. Tristemente en una guerra civil se matan unos a otros, se comenten barbaridades en los dos bandos. Si los de derechas, llamados vulgarmente ‘’fachas’’, mataban a los de izquierdas, denominados vulgarmente ‘’rojos’’, por defender principios que no se ajustaban a su ideología, a su vez, los de izquierda perseguían a los fachas y se divertían quemando conventos e iglesias, asesinando, sin piedad, a curas y monjas quienes, en su inmensa mayoría, no podían entender lo que ocurría en su país. 

sábado, 20 de julio de 2019

LOS SUSURROS DEL VIENTO

     El viento corre, va susurrando, entre sombras, versos de melancolía, nostalgias, ilusiones, esperanzas. Sus palabras, enigmáticas, ausentes, recorren, velozmente, todos los rincones de la noche en los que se esconde algún presagio que quiere volar, lanzarse al abismo de los deseos, quiere escapar de su soledad ingrata. 

     Huyen al otro lado de la luna. Buscan, como frenéticas posesas, la única salida de tanta incomprensión. Se pierden por caminos extraños que no saben hacia dónde se dirigen. Pretenden gritar toda la verdad oculta en absurdos convencionalismos que nadie cumple, tratan de dibujar horizontes relucientes, llenos de ilusiones de colores, dispuestas a entregar al ser humano esperanzas certeras, con las que pueda recuperar sus ganas de seguir avanzando por su camino y que, por fin, pueda permitirse el lujo de soñar, necesita dejar atrás sus miedos, despojarse de su absurda vanidad. 

     En muchas ocasiones, suya, sólo suya, es la culpa. Su desgracia es que se mira muchas veces en un espejo deforme, la bondad de su alma desapareció hace demasiado tiempo, buscando algo que jamás podrá encontrar. La palabra no tiene la culpa de su actitud, de su egoísmo. Muchas veces, teme por sus sentimientos, por los rencores con los que pretende humillar la blancura de la inocencia. 

     Entonces, las palabras huyen, no quieren ahogarse con las lágrimas de los muertos. El viento seguirá susurrando, eternamente, frases de amor, bajo el amparo maternal de la luna.

domingo, 23 de junio de 2019

MI ÚLTIMO LIBRO




LA VIDA NO ES UNA VULGAR PELÍCULA, ya os está aguardando en AMAZÓN, lo mismo que mi anterior libro de poesía Emociones de un atardecer, disponible en varios formatos, los distintos enlaces están en una entrada de este blog 




ESPERO QUE OS GUSTE

sábado, 1 de junio de 2019

PRÓLOGO DE LA VIDA NO ES UNA VULGAR PELÍCULA

LA BÚSQUEDA DE LA PALABRA

    
 La vida no es una vulgar película, es la llamativa y certera reflexión con que José Gerardo Vargas Vega titula su libro, publicado por Ediciones Vitruvio. Bien es verdad que también pudo haberlo titulado: “Diario de la búsqueda de la palabra”, debido a que en él nos comenta el autor, con todo lujo de detalles, el arduo trabajo que al escritor suele presentársele cada vez que va en pos de la palabra precisa para su poema. Sí, un poema pues aunque este libro es de narrativa parece ser que José Gerardo ha querido rendir homenaje a los alfareros de la poesía. A lo largo de las páginas y mediante relatos cortos, pensamientos y reflexiones, nos va desgranando las dificultades, el desaliento y, en algunas ocasiones, hasta la incertidumbre que todo poeta siente a la hora de enfrentase a la hoja de papel en blanco. Puede que sin pretenderlo José Gerardo nos esté recordando el mito de Tántalo cuando encadenado a un árbol frutal y junto a un lago, ambos se retiraban cada vez que él necesitaba comer y beber, castigándolo a sufrir hambre y sed. Esta historia mitológica mucho tiene que ver con el escritor cuando ve con pavor cómo se alejan y huyen las palabras, abandonándolo cuando más las necesita. 

jueves, 18 de abril de 2019

ELLOS SÍ DEBERÍAN PEDIR PERDÓN

     De vez en cuando, últimamente con mayor frecuencia, aparecen noticias que demuestran hasta qué grado puede llegar la estupidez humana que parece no tiener límites. En estos días las distintas televisiones se han hecho eco de una noticia que, cuando la oí por primera vez no me lo podía creer, me pilló adormilado y, al oír a sus protagonistas comentar sus propuestas abandone el sopor que me invadía y puse toda mi atención en aquellas palabras que me parecieron absurdas y, por momentos, surrealistas. 

     La cuestión era que, no recuerdo si se trataban de colegios o librerías catalanas, se disponían a cambiar ciertos cuentos clásicos porque, según ellos, estos individuos o individuas, no se ajustaban a unos valores morales que, muchas veces, por llevarlos al extremo se suele caer en el esperpento. Sirvan de ejemplo dos de los cuentos clásicos más conocidos: el de Caperucita Roja se le tilda de machista, simplemente porque la encargada de llevar la comida a la abuelita era una niña y no un niño. Por su parte, el cuento de La bella durmiente parece que se trata de un evidente caso de acoso sexual, porque el príncipe da un beso no consentido por su amada. 

martes, 26 de marzo de 2019

TIENEN QUE HACERSE OÍR



     Los independentistas no cesan en su empeño, no se apean del burro. La culpa, sin duda, la tienen los sucesivos gobiernos que han ido cediéndoles competencias a cambio de sus votos para mantenerse en el poder. El que quiere algo, algo le cuesta, y fue Rodríguez Zapatero quien les concedió lo máximo al incluir el término ‘’nación’’ en la Constitución Catalana y afirmó, con una gran irresponsabilidad, que si la Constitución Catalana, o lo que fuera, no se ajustaba a la Constitución Española, ésta debía ajustarse a la catalana. Se quedó tan a gusto el hombre, de ahí viene todo el follón en el que ahora están las cosas, creo yo.

     Con Mariano Rajoy la cosa empeoró, porque los independentistas, con el cobarde Puigdemon a la cabeza, no hace falta explicar ni divagar sobre tal adjetivo pues, en vez de dar la cara y enfrentarse a la justicia, salió huyendo, a escondidas. Éste tan sólo quería hablar de su tema, pedía diálogo, pero sólo para hablar de la misma cantinela, a saber, la independencia de Cataluña, asunto que implica a todos los españoles, que son los que tienen que decidir, todos, no sólo la mitad, tal vez, algo menos de la población catalana. El presidente Rajoy, con buen juicio, trataba de poner más temas sobre la mesa, concederles más beneficios e, incluso, se les concedía más presupuesto, en detrimento de otras autonomías, que dilapidaban abriendo embajadas catalanas, cosa que no podían hacer, y organizando actos independistas y promoviendo elecciones ilegales. Mientras tanto, las empresas catalanas huían de su tierra para asentarse en otras autonomías y la economía de Cataluña iba cayendo, hasta el punto de no poder pagar a sus funcionarios. El gobierno español no dejaba de enviar dinero a Cataluña para pagar las nóminas de sus trabajadores. 

lunes, 11 de febrero de 2019

LA SOBERBIA HUMANA

     El hombre es un soberbio, no acepta que el prójimo no necesite su ayuda para vencer las adversidades de la vida, se siente terriblemente ofendido, no acepta que los demás puedan superar grandes obstáculos sin solicitar su apoyo. No les comprende, sus consejos son imprescindibles para que puedan seguir el camino, en muchas ocasiones, terriblemente duro, incluso para él, pero él cuenta con recursos adecuados para salir adelante. 

     Qué pueden hacer esos pobres individuos que no saben ni hablar? Si aceptasen sus sabios consejos todo les iría mucho mejor, sin embargo, parece que huyen de su presencia y continúan caminando hacia la incertidumbre del destino, como si los problemas no fueran con ellos. Son unos pobres insensatos. 

     La soberbia humana es infinita, los poderosos ejercen su poder de una forma inhumana, sin importarles, para nada, la debilidad del prójimo, tan sólo se preocupan por acumular riquezas que no podrán disfrutar jamás. Su dinero no sirve para comprar amaneceres limpios ni puede enjugar las lágrimas nostálgicas del atardecer. Ellos, con su dinero ruin, compran sentimientos fríos, acarician cuerpos ausentes que no pueden escapar de las redes de la incomprensión, se tienen que someter a sus caprichos y satisfacer todos sus deseos, sin oponer ninguna resistencia. Faltaría más. Solo pueden rezar en silencio, las palabras, dispuestas a gritar todas sus amarguras, desaparecen en los espejos rotos de las miserias humanas donde las imágenes se borran definitivamente y el sendero huye hacia el olvido más doloroso.