Son seres desquiciados, enfermos, terriblemente enfermos. Se creen superiores y sólo son unos despojos humanos, incapaces de comprender su miseria existencial. No hace mucho tiempo eran unos seres normales, con esperanzas e ilusiones, sus pasos se dirigían hacia un horizonte prometedor en el que, poco a poco, se labrarían un futuro.
Sin embargo, y sin saber los motivos, fueron cayendo en un abismo caótico, la realidad deja de tener sentido y se pierden por caminos enloquecidos llenos de recovecos asesinos, rencorosos, en los que todo se distorsionan y las cosas sencillas de la vida pierden todo su sentido. El tiempo huye a través espejos resquebrajados por el odio y la mentira más ruin, más despreciable.
Estos seres, convertidos en estúpidos peleles de un destino cruel, ebrios de alcohol y drogas, se creen superiores a los demás, tratan de imponer su credo, enarbolan su odio e intransigencia, de sus emblemas y banderas chorrea sangre y mierda pestilente. Desean que esos sagrados estandartes ondeen en todas las naciones de la tierra e iluminen los senderos de la humanidad. Si no es así, ellos toman las medidas oportunas, aplican su cruel justicia, la muerte. Nadie puede escapar de sus inhumanas redes.