De vez en cuando, últimamente con mayor frecuencia, aparecen noticias que demuestran hasta qué grado puede llegar la estupidez humana que parece no tiener límites. En estos días las distintas televisiones se han hecho eco de una noticia que, cuando la oí por primera vez no me lo podía creer, me pilló adormilado y, al oír a sus protagonistas comentar sus propuestas abandone el sopor que me invadía y puse toda mi atención en aquellas palabras que me parecieron absurdas y, por momentos, surrealistas.
La cuestión era que, no recuerdo si se trataban de colegios o librerías catalanas, se disponían a cambiar ciertos cuentos clásicos porque, según ellos, estos individuos o individuas, no se ajustaban a unos valores morales que, muchas veces, por llevarlos al extremo se suele caer en el esperpento. Sirvan de ejemplo dos de los cuentos clásicos más conocidos: el de Caperucita Roja se le tilda de machista, simplemente porque la encargada de llevar la comida a la abuelita era una niña y no un niño. Por su parte, el cuento de La bella durmiente parece que se trata de un evidente caso de acoso sexual, porque el príncipe da un beso no consentido por su amada.