miércoles, 30 de junio de 2021

UN AÑO PARA OLVIDAR

     El año pasado fue un año para olvidar, aparte del inicio de esta pandemia, que todavía nos acosa aunque, poco a poco, ya vamos viendo el final del túnel. Una dura travesía que nos ha cambiado radicalmente la vida, por el camino hemos perdido a muchos conocidos y familiares, de quienes no nos pudimos despedir como se merecían. Mi familia recordará este fatídico año por las muertes de Chiqui y mi padre, con cinco días de diferencia, quien parece que no quiso dejar partir solo a su hijo y partió, tras él, en su última aventura.

     Cuando se inició la maldita pandemia nos fuimos a Navas del Rey, donde estábamos muy a gusto los cuatro y pensábamos pasar las Navidades allí. Pero, a finales del mes de septiembre, el destino nos golpeó duramente. La muerte de mi padre fue dolorosa pero, lamentablemente, era previsible, tenía 90 años y desde junio, más o menos, había pegado un bajón tremendo y, apenas, podía andar. Éramos conscientes que, en cualquier momento, podía ocurrir lo inevitable, como así pasó. Cinco días antes murió Chiqui, que tuvo un infarto fulminante, éste abandonó su cuerpo a los pies de la escalera por la que subía, todos los días, para desayunar e iniciar la nueva jornada. Su repentina marcha supuso un duro mazazo muy difícil de asimilar, todavía hoy, casi un año después, cuesta mucho soportar con entereza su ausencia.