miércoles, 20 de junio de 2018

HAY QUE COMPARTIR CADA INSTANTE

     A veces, es preciso, necesario, aminorar el paso, incluso, detenernos y reflexionar, preguntanos sobre nuestro destino. Somos realmente consciente de haber elegido buen el camino? Los objetivos elegidos, los podemos cumplir? Merece la pena seguir el ritmo enloquecido de los acontecimientos, humillarnos ante la insolencia de los repelentes relojes que nos va robando ilusiones, pedacitos de vida? Ellos, con desdén y, sin compasión, van cargando sobre nuestras doloridas espaldas silencios y rencores imposible de soportar. 

     No, no merece la pena, las preocupaciones y miedos impiden contemplar las bellezas que nos rodean y compartir las inquietudes de los seres queridos. Hay que saludar al amigo y decirle, con frecuencia, que puede contar con nosotros en todo momento, tenemos que compartir con él los instantes que ofrece la vida, ya sean buenos o malos. 

lunes, 28 de mayo de 2018

FERIA DEL LIBRO

Un año más hay que perderse por la Feria del Libro. A pesar de haber publicado Emociones del atardecer, mi último libro de poesía no voy a la Feria como autor, Escritores en Red no tiene caseta, sin embargo, si queréis haceros con un libro lo tenéis a vuestra disposición en distintas plataformas a través de internet (ver los enlaces en la entrada Emociones de un atardecer, de este blog). También os recuerdo que en la Sala Trovador, calle San José 5, esquina Huerta, el próximo 6 de junio, dentro de las Tardes de Prometo, se hará un recorrido por mi obra poética y el 14 de junio presento el libro en el Ateneo de El Escorial:

Jueves 14 (Foro de Literatura): Lectura del poemario “Emociones de un atardecer" y de relatos recientes.
Autor: D. José Gerardo Vargas Vega. Filólogo, escritor y poeta.
Presenta: Dña. Isabel Díez Serrano. Poeta, antóloga, crítica literaria 

martes, 22 de mayo de 2018

NOS MIRAN MAL

     Nos miran mal, se perciben un mal rollo, no quieren vernos ni en pintura, comentan, entre ellos, afirman que vamos de sobrados por la vida, no soportan nuestra petulancia y, sin duda, están convencidos que tratamos de confundirles con juegos de palabras para ocultar nuestras verdaderas intenciones, tras esas extrañas palabras de los textos les ponemos a parir. 

     Un cierto rencor se dibuja en sus ojos cuando nos ven aparecer y al cruzarnos con ellos bajan la mirada como si temieran alguna desgracia o, simplemente, se sintieran arrepentidos de algo. Si van más de uno se sienten mucho más fuertes y comentan, con desdén, ‘’Ahí van los poetas! 

     Su aversión es enorme, no se comprende. Están acostumbrados a imponer sus leyes, a no admitir opiniones ajenas, se creen superiores a los demás y se enfurecen cuando oyen algo que no sea de su agrado, aunque no lo entiendan, siempre creen que hay un gato encerrado dispuesto a echarles un zarpazo que les haga pupa en su orgullo. Su dignidad no puede ser dañada bajo ningún concepto, por eso no aceptan las opiniones de los otros y siempre ven fantasmas en los recodos del camino que pretenden dominar, en todo momento. Ya lo dijo cierto político de un ayer lejano: ‘’La calle es mía’’. El camino, la calle, qué más da? El caso es que no aceptan ninguna sombra que logre apagar tímidamente sus ínfulas de superioridad, dictan sus propias leyes y todo individuo debe aceptarlas. No hay más historias. 

viernes, 11 de mayo de 2018

UN AMANECER EXTRAÑO

     La luz del amanecer era extraña, distinta. Un resplandor tenue llenaba el ambiente de melancolías antiguas, perdidas en un ayer ya casi olvidado. La habitación, en penumbra, se fue llenando de poemas grisáceos, dibujados con palabras rotas, carentes de todo sentido. El amanecer no brillaba como siempre, los rayos del sol, todavía adormilados, se desvanecían por recuerdos borrosos.

     Había que ponerse en marcha, partir, huir de la soledad de aquellas cuatro paredes, estúpidas y aburridas, que mostraban imágenes de tardes amargas, borrachas de pecados absurdos que no permitían salirse del esquema fijado por mentes retorcidas. Los últimos versos se perdían por los rincones de una senda humillada por el miedo de un ayer rencoroso.

miércoles, 25 de abril de 2018

NUEVO VIDEO

Acabo de poner un video con HAY QUE SEGUIR, el poema que abre Nostalgias de un atardecer, mi último libro.Dicho poema fue leído en la Estación Azul, programa que se emite en Radio Nacional, el poema lo lee el gran poeta Javier Lostale Os recuerdo que le podéis comprar por interner, vuestro apoyo es necesario para seguir publicando apoyo, no económico, que 10 euros, que es lo que cuesta el libro, sino moral, porque el apoyo  moral de los amigos es el mayor tesoro que cualquiera puede tener, y yo me siento muy afortunado. Gracias amigos por vuestro apoyo,

LA TARDE REVISA

     La tarde revisa, con calma, los versos abatidos del poeta. Su extraña luminosidad se apaga en confusos laberintos. La melancolía del atardecer, apenas, tiene respuestas a tantas preguntas sin responder, no sabe cómo aliviar el desconsuelo de aquellos versos carentes de alma, la nostalgia de las palabras se difumina entre el color rojizo del cielo, dejando tenues destellos azules en los cristales de las ventanas que contemplan difuso el horizonte, sólo consiguen ver ausencias grises, recuerdos vagos agazapados en rincones olvidados por el poeta. Sus ilusiones ya murieron y, enloquecido, llena páginas y páginas con palabras vacías, con sueños que nunca pudo disfrutar, porque la mayoría jamás les pertenecieron, fueron simples alucinaciones de su mente enferma, prisionera de un amor inexistente. 

jueves, 5 de abril de 2018

LOS POETAS LLORAN

     El tiempo fugaz parece detenerse en un rincón perdido de la melancolía. La lluvia pertinaz le roba imágenes difusas de atardeceres lejanos, su frescor calma los pasos nerviosos de los relojes cabreados que intentan someter la voluntad de los hombres. La ciudad se adormece oyendo las voces, casi susurrantes, de los poetas que arrancan versos a la lluvia, sus alocadas palabras buscan el sentido de las cosas, las causas de los errores humanos.

     Hay montones de asuntos por discutir, pero ellos no pueden arreglar tantos errores humanos. No es su cometidos y tienen miedo, no les echen la culpa de lo ocurrido, no tienen porque asumir las equivocaciones ajenas. Ellos únicamente hablan de sus asuntos y escriben, no cesan de contar historias, ya sea prosa o poesías, o solemnes estudios en los que procuran descifrar la maraña de confusiones que guía al hombre a su propia autodestrucción o, únicamente, escriben sus tonterías sobre las cuartillas arrugadas de su propia incertidumbre. 

     Sus pensamientos brotan con demasiado ímpetu, las palabras no son capaces ni se sienten con fuerzas para dibujar tanta miseria, no pueden soportar el inmenso dolor del corazón abatido del hombre. Solo pueden llorar y tratar de secar las lágrimas de los corazones oprimidos.

      La fugacidad del tiempo se lleva todo, lo bueno y lo malo, los sueños, las esperanzas, las ilusiones que apenas consiguen ver un horizonte que se diluye en un poema sin sentidos, donde las palabras enmudecen y extraños silencios guían los pasos de las sendas borrachas de melancolía.

     Los poetas quieren, desean, tratan con toda su alma de pintar nuevos amaneces con la magia desbordante de la palabra, pero todo es inútil, no pueden luchar contra los rencores del silencio.