Los recuerdos se agolpan, regresan cargados de nostalgia. Sobre la mesa, las palabras aguardan el último aliento del poeta que les permita echarse a volar. Desean dibujar, con sosiego, el poema definitivo, quieren vagar por el paraíso oculto, allí las emociones del ayer recuperen parte de la dignidad perdida en un olvido caótico.
Las imágenes brotan sin cesar, y se lanzan, enloquecidas, al abismo blanco, pero el túnel es demasiado oscuro para poder divisar el resplandor, absurdos rencores tratan que las emociones se autodestruyan. Es una lucha encarnizada, las palabras huyen por la incertidumbre más dolorosa, el poeta no comprende su destino, tampoco puede llorar, por los rincones del camino sus lágrimas resecas se evaporan en amargas pesadillas que no pueden soportar.
