domingo, 5 de febrero de 2023

SU ÚLTIMA ACAMPADA

     Hace tres años que mi hermano Chiqui nos dejó. De repente, una mañana de finales de septiembre, emprendió su marcha definitiva hacia el valle eterno, donde haría su gran acampada, la definitiva, la eterna. En el valle luminoso, donde seguirá con sus proyectos, buscando nuevas rutas en ese infinito universo, lleno de estrellas fugaces e ilusiones, de atardeceres tranquilos y noches serenas en las que no dejará de entonar las viejas canciones scauts. Se reencontrará con amigos que nos abandonaron antes que él, como Paco, con quien compartió muchos campamentos desde que eran muy niños.

     Estará dichoso porque, y esto nunca se lo hubiera podido imaginar, Papá está a su lado cantando viejas baladas del Frente de Juventudes. Había partido tras sus huellas, seis días después. No quería dejarle sólo, y siguió la fortaleza de sus pasos, hasta encontrarle montando el campamento con sus antiguos compañeros y otros nuevos de todo el mundo, con quienes compartirá los sueños eternos.

     Todos están disfrutando, unidos por la emotividad de un fuego de campamento, al que se irán uniendo familiares y amigos, deseosos de entrelazar, fuertemente, sus manos hambrientas de amor. Alrededor del fuego desaparecerán las antiguas rencillas familiares y brotarán destellos que llegarán hasta nosotros para guiarnos por la senda verdadera.

     Chiqui estará, sin duda, inmensamente feliz al ver a tanta gente buena cantando como, cada en aquellos veranos de su infancia y adolescencia, cuando iba de campamento con su querido Colegio de los Hermanos Menesianos y, un fin de semana, iban las familias a ver a sus hijos y hermanos a celebrar el ‘’Día de la Familia’’. Lo recuerdo con cariño.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

CADA TARDE

     Cada tarde trato de dibujar un poema azul en la niebla helada del porvenir. Procuro apartar la hojarasca del camino. Es necesario dejar huella por si hay que regresar, tarde o temprano hay que volver de algún olvido. Escojo, con cuidado casi con mimo, las palabras adecuadas para secarme las furiosas lágrimas de atardeceres rencorosos que tratan de humillarme y hacerme huir hacia ninguna parte.

     En muchas ocasiones, al borde del abismo, me aferro a las nubes de terciopelo que protegen el alma atormentada por cosas, nimias, absurdas. En demasiadas ocasiones el poema cotidiano nos da la espalda y nos asfixiamos con el aire viciado de la soledad.

     Entonces, aparece la duda, la confusión y, en el peor de los casos, la apatía, la ganas de arrojar la toalla y abandonar todo. Dejarse arrastrar a un abismo donde, cientos, miles de versos asesinos tratan de borrar todos los poemas de nuestro largo caminar. 

martes, 15 de noviembre de 2022

EN UN DÍA DE INVIERNO

   En este día de invierno, las emociones juegan a las cartas con el destino. Éste, con una actitud desafiante, mira con desprecio cuanto le rodea. Sabe, perfectamente, que sus cartas están marcadas y todos los triunfos le pertenecen.

   Las emociones me rodean. No cesan de revolotear a mi alrededor, tratando de ordenar, adecuadamente los últimos versos, postrados sobre mi escritorio, después intentarán hacerse oír y empezarán a dibujar un poema, por muy sencillo e inocente que sea, pero hay que lanzarse al abismo. Es preciso luchar contra la incertidumbre y atreverse a abrir las ventanas a la esperanza. Están, en todo momento, pendientes de mí y, de vez en cuando, me provocan. Tratan de atraer mi atención y escupirme reproches absurdos.

   Una y otra vez las miro con descaro, quiero que estallen, que me entreguen todas las imágenes que ocultan los secretos de mi alma y que retumban en el silencio de mis noches.

   De repente, despiertan. Las emociones anima a esos versos soñolientos, tratan de ordenar la gran cantidad de imágenes que se agolpan en lo más profundo de mi ser. Les indico que ya es hora de sumergirse en la blancura de los sueños.

   Por las ventanas abiertas compruebo como nuevas emociones dibujan poemas olvidados. Hace tiempo me abandonaron, huyeron por soledades extrañas. Inconscientemente, les dejé escapar, no quería hacerme ilusiones, me asustaba introducirme en laberintos extraños y perderme por sendas difusas.

   Habían regresado, golpeaban, con fuerza, con cristales de las ventanas, dibujaban promesas y ecos luminosos. Se esforzaban por manifestar su arrepentimiento. Los silencios pedían perdón, querían recuperar las palabras. Soñaban con volver a formar parte de mi vida, Ayudar a los versos que deseaban   lanzarse al abismo blanco. 

   Tal vez, surgiera el poema definitivo.

jueves, 29 de septiembre de 2022

AQUELLOS POLICÍAS Y LADRONES

   Los ladrones y policías hace tiempo que dejaron de correr por las calles, no merecía la pena esconderse si ya nadie quería encontrar a nadie, ha perdido la gracia. Cada cual eligió su camino y las calles han perdido el encanto de antaño, cuando los gritos y las risas infantiles flotaban en el aire. Todo era alegría, sorpresas ocultas por las esquinas, esperando ser descubiertas para estallar el globo de la dicha.

   Las carreras desbocadas se perdían, por momentos, y aparecían, de pronto, en la guarida de la salvación en donde todo era jolgorio, satisfacción, por haber logrado superar toda clase de peligros y alcanzar la gloria efímera.

   Ahora, el silencio es atronador. Las calles han dejado de ser de los niños para convertirse en laberintos de la droga. Las esquinas ocultan vicios asquerosos que, con la luz del día, muestran, sin ningún tipo de pudor, las vergüenzas humanas.

   En alguna calle ausente aún se oyen las alegres voces de niños que juegan alegremente un partido de futbol donde, incluso, participa, alguna niña que se ha cansado de saltar a la comba y otros juegos femeninos. Quiere demostrar que puede darle al balón, e incluso, meter un gol. Tal vez, desee estar muy cerca de su primer amor y protegerle de alguna caída o alguna patada del adversario.

   .- Déjame en paz, niña, vete a jugar con tus amigas. El futbol es cosa de chicos -replicaba furioso y avergonzado de verse socorrido por una vulgar mocosa.

   En un sitio apartado, alejado de semejante campo de batalla, las niñas se divertían con los juegos de toda la vida, aquellos que habían heredado de sus madres y abuelas. Sus gritos y risas alocadas llenan de versos azules aquel trozo de la calle que, sólo a ellas, les pertenece.

   .- Que te he dicho que me dejes, estoy bien. No seas tan pesada -grita el chico, provocando la huida de su pesada admiradora.

sábado, 3 de septiembre de 2022

LOS GUARDIANES DE LA NOCHE

     Los guardianes de la noche juegan con emociones antiguas, me entregan las palabras que debo arrojar, sin miedo, al abismo blanco, cada vez, más difuso, perdido entre sombras de libros viejos e ilusiones deshechas, entre las redes de un tiempo egoísta.

     Me gritan con insistencia y, en muchas ocasiones, con rabia para que corra y abandone mi apatía existencial. He de partir tras los pasos recientes del amanecer. Seguir las huellas de la jornada que golpea, cada vez con más fuerza, los ecos abatidos de mi alma, por las ausencias inesperadas de seres queridos y viejos compañeros que se fueron, precipitadamente, camino del olvido.

     Vigilan cada uno de mis movimientos, esperando mi reacción, saben que, en cualquier momento, he de salir corriendo tras un sueño fugaz en busca de los enigmas de mi destino. Necesito mirarme al espejo de mi conciencia para descubrir las verdaderas causas de mis cicatrices prematuras, dolorosas, que impiden que mis débiles pasos dejen huella en la senda de la indiferencia. Tengo que librarme de demasiados fantasmas que me impiden huir de sus redes, quiero escapar, más siempre tropiezo en los mismos errores y caigo, una vez tras otra, en las estupideces de antaño.