martes, 15 de noviembre de 2022

EN UN DÍA DE INVIERNO

   En este día de invierno, las emociones juegan a las cartas con el destino. Éste, con una actitud desafiante, mira con desprecio cuanto le rodea. Sabe, perfectamente, que sus cartas están marcadas y todos los triunfos le pertenecen.

   Las emociones me rodean. No cesan de revolotear a mi alrededor, tratando de ordenar, adecuadamente los últimos versos, postrados sobre mi escritorio, después intentarán hacerse oír y empezarán a dibujar un poema, por muy sencillo e inocente que sea, pero hay que lanzarse al abismo. Es preciso luchar contra la incertidumbre y atreverse a abrir las ventanas a la esperanza. Están, en todo momento, pendientes de mí y, de vez en cuando, me provocan. Tratan de atraer mi atención y escupirme reproches absurdos.

   Una y otra vez las miro con descaro, quiero que estallen, que me entreguen todas las imágenes que ocultan los secretos de mi alma y que retumban en el silencio de mis noches.

   De repente, despiertan. Las emociones anima a esos versos soñolientos, tratan de ordenar la gran cantidad de imágenes que se agolpan en lo más profundo de mi ser. Les indico que ya es hora de sumergirse en la blancura de los sueños.

   Por las ventanas abiertas compruebo como nuevas emociones dibujan poemas olvidados. Hace tiempo me abandonaron, huyeron por soledades extrañas. Inconscientemente, les dejé escapar, no quería hacerme ilusiones, me asustaba introducirme en laberintos extraños y perderme por sendas difusas.

   Habían regresado, golpeaban, con fuerza, con cristales de las ventanas, dibujaban promesas y ecos luminosos. Se esforzaban por manifestar su arrepentimiento. Los silencios pedían perdón, querían recuperar las palabras. Soñaban con volver a formar parte de mi vida, Ayudar a los versos que deseaban   lanzarse al abismo blanco. 

   Tal vez, surgiera el poema definitivo.

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