En el rincón más hondo del alma, las esperanzas adormecen, embriagadas en emociones cálidas de madrugadas eternas, desconocidas, donde las ilusiones vagan por nebulosas extrañamente luminosas. Juegan con los sentimientos del poeta. Tratan de iluminar su soledad, procuran hacerle vibrar con los presentimientos del silencio.
Esperan poder partir pronto, aguardan a que su amigo logre encontrar las palabras exactas y trace el camino a seguir. La magia dibujará el horizonte soñado sobre las oquedades muertas. Todo será más fácil, cuando se decida a indagar todo su pasado y pueda desprenderse, sin ningún miramiento, de tantas emociones ingratas que le robaron, en muchas ocasiones, las ganas de vivir.
Sentado en su mesa de trabajo, ante la blancura lucha con la dolorosa impotencia al sentirse maltratado por su propio destino. Por momentos, se siente desfallecer, hundido entre mentiras absurdas que no entiende. No puede dar crédito a las imágenes distorsionadas que se agolpan en su cabeza.
Las palabras tratan de animarle e, incluso, le lanzan reproches amargos que le saque de su apatía. Es un cobarde, un pobre vagabundo que no quiere llegar a ninguna parte.
El reloj sigue su frenética macha y, del rincón del alma, brotan gritos ensordecedores, versos que suplican libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario