miércoles, 16 de diciembre de 2015

EL ESPÍRITU DE LA CASA DE LA PRADERA

     El debate de Pedro Sánchez así como algunos comentarios sobre el mismo me ha traído a la memoria la serie La casa de la Pradera, serie que emitió Televisión Española, hace 30 o 40 años. La acción de esta serie se desarrollaba en el lejano oeste americano, centrándose en una familia que se traslada a una tranquila población donde la vida trascurre tranquilamente.

     La lejanía en el tiempo no me permite recordar gran cosa del argumento, pero sí recuerdo, y es lo que quiero resaltar, es que esta familia, estaba formada por el matrimonio y dos niñas angelicales. Primero hay que señalar que esta serie, como la inmensa mayoría de los programas de la época trataban de fomentar unos valores cristianos muy estrictos. Sería imposible que, en aquellos tiempos, pudieran surgir otras voces que se apartaran de la línea marcada, también hay que recordar que la sociedad española estaba sumida en la última etapa del franquismo, Pues bien, la familia de esta serie representaba todos aquellos valores tan estrictos. Una de las hijas, por el motivo que fuera, se quedó ciega, con lo cual este hecho constituía una prueba puesta por Dios a esta familia tan ejemplar.

     En la serie destacaba otra familia que, si no recuerdo mal, era la que regentaba la tienda o el almacén del pueblo, digamos que eran los terratenientes del lugar, debido a este hecho miraban por encima del hombro a sus conciudadanos. Esta altivez se acentuaba en el trato con la familia ejemplar, sobre todo, este desprecio se ponía de manifiesto en la actitud de los niños. La hija de los tenderos del pueblo tenía verdadera aversión hacia las pobres y angelicales niñas de la familia recién llegada al apacible pueblo, trataba de hacerlas la vida imposible, aprovechándose constantemente de la ceguera de su enemiga. Esta, que sufría sus desplantes y sus insultos, tenía que poner la otra mejilla y, encima, pedir perdón.

     Esta actitud es la que pretenden la gente progre de este país. En el debate se pudo ver como Pedro Sánchez, altivo y sobrado donde los haya, sin abuelo ni nada que se le parezca, insultó de una manera mezquina a Mariano Rajoy, Presidente de España, éste, indignado por el ataque de su contrincante que le calificó de ´´Indigno’’ y ´´corrupto’’, entre otros calificativos semejantes, le paró en seco, advirtiéndole que hasta ahí había llegado, que había sido ruin e indigno. Aquí aparece el espirito de la Casa de la Pradera, pues Pedro Sánchez insulta a Rajoy reiteradamente y lo que parece molestar más a los socialistas, y a todos sus tertulianos de pacotilla, son las palabras y el cabreo monumental de Rajoy. 

     Entonces, lo que tenía que haber hecho el presidente es pedirle que se disculpará inmediatamente y, en el caso que Pedro Sánchez no lo hiciera, como sería lo más lógico, conociendo al personaje, tomar la palabra, dirigirse a toda la audiencia explicándole las razones se veía obligado a abandonar aquel simulacro de debate. Salir de allí y esa misma noche o a la mañana siguiente ir al juzgado y poner la denuncia pertinente por injurias.

     El espíritu de la Casa de la Pradera no tiene cabida en nuestra sociedad, y, mucho menos puede presentarse nadie, ni a Presidente de Gobierno ni a ningún otro cargo público, con semejante actitud chulesca.

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