Tengo miedo regresar a los pasillos blancos y encontrar las miradas de las sombras de antaño, no quiero que me vuelvan a robar los sueños, he podido recuperar alguna esperanza antes de perderse, para siempre, en el olvido. Las palabras me han ayudado a sobrellevar la dolorosa incertidumbre, mis versos apenas tenían fuerzas y morían en la calma angustiosa de una enloquecida noche, borracha de rencores estúpidos, mientras lágrimas heladas borraban mis deseos que, lentamente, se perdían por la senda dolorosa de la frustración.
He de regresar a la incertidumbre, la maldita enfermedad trata de invadir mi cuerpo con su odio desmedido y mis palabras tan sólo pueden dibujar amargos presagios en las cuartillas ausentes de mi alma.
Los especialistas me aseguran que es algo usual, el cáncer se resiste a desaparecer, el muy puñetero, y sale de su letargo al cabo del tiempo. Todo irá bien, me aseguran, la quimio ha hecho lo que se esperaba de ella, era su trabajo, reducir una pequeña maldita mancha en el hígado. Solo queda pasar por el quirófano y esperar que todo vaya bien.


