miércoles, 13 de abril de 2022

AQUEL JUGUETE TAN EXTRAÑO

     El niño no paraba de observar aquel objeto tan extraño. Para qué serviría aquella especie de naranja gigante? Su mirada inocente e inquieta recorría toda la superficie de semejante juguete, así le calificaba su padre cuando se lo entregó, como si fuera el tesoro más preciado el mundo. Sus ojos risueños trataba de trasmitir, a su pequeño, toda la dicha que le podía trasmitir aquello que, al más ligero golpe, se alejaba de ti.

     El niño no comprendía aquel funcionamiento tan curioso. Si lo golpeaba se iba alegremente y si se chocaba con algo regresaba, rápidamente, a ti. Qué cosa más tonta.

     En las fotos de su familia, le habían dicho que un niño que aparecía en muchas de aquellas imágenes, en blanco y negro, era su padre, quien le miraba con orgullo y, en muchas de esas instantáneas, aquel niño parecía disfrutar, con amiguitos, que corrían tras otro juguete redondo, semejante a este que acababa de recibir de manos de su orgulloso progenitor.

     Prefiere jugar con la play o con el ordenador, donde puede disfrutar de juegos mucho más divertidos. Es guay variar el curso de los acontecimientos apretando varias teclas. Que chulísimo resulta ver una deslumbrante pantalla en la que ocurren historias, mucho más fascinantes que una vulgar pelota se vaya o regrese por el suelo.

     El niño, delante de pantalla, puede ver como sus héroes han de superar grandes retos, con ellos comparte emocionantes aventuras, mientras sus dedos no paran de apretar, compulsivamente, las distintas teclas del mayor de los sinsentidos. Entonces el padre huye, avergonzado, con la vulgar pelotita al país de los viejos juegos olvidados.

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