SU SOBERBIA ES INFINITA
Su soberbia es infinita. Se pasearon por las calles desafiando el peligro, un virus desconocido que creían que se trataba de una simple gripe les acechaba sin piedad. Sabían, perfectamente que, en China, ya había causado miles de muertes y que debían tomar medidas, cuanto antes, para proteger a la población. La Organización Mundial de la Salud les había advertido, días antes de la manifestación, que no podían celebrarse grandes concentraciones de gentes. Nada, ignoraron los consejos de los expertos hubo, incluso, quien les reprochaba sus argumentos, les tachaba de alarmistas y bocazas. Sólo pretendían, según ellos, meter miedo para que no acudieran a una manifestación que tenía que ser de todos, pero que su soberbia se había adueñado de ella.
Y ocurrió lo que tenía que ocurrir, aquel virus se fue extendiendo hasta convertirse en una pandemia que afecta a todo el mundo. El país donde hay un número de fallecidos es España que, como aseguran los expertos, tardará más en salir de la crisis sanitaria y tendrá el más oscuro horizonte económico.
Por qué? Que se lo pregunten al Presidente de España.
Por qué no prohibió aquella manifestación feminista si ya conocía perfectamente los riesgos que implicaba, como luego se ha podido comprobar, ya que se han infectado mucha gente? Si hubiese prohibido la manifestación y otras muchas concentraciones que se celebraron, se hubieran evitado muchos contagios y, sin duda, gran cantidad de muertes.
Por qué no cerró inmediatamente el aeropuerto por donde no dejaban de llegar personas procedentes de Italia, principal foco del virus, tras su llegada de China? Tanto Italia como España, son los países más afectados y donde más fallecidos hay. En ambos países cometieron, al principio, graves imprudencias, sus respectivos gobiernos y, sin duda, no supieron estar a la altura de las circunstancias, tomaron a broma la llegada de aquella gripe.
Hay demasiadas preguntas que, cuando pase todo, tendrán que responder. No son culpables de la pandemia, evidentemente, pero si se hubiera actuado de otra manera y con mayor celeridad, todo hubiera sido y sería muy distinto, pero aquellas manos, alocadas, de latet prendieron una hoguera que tardará mucho tiempo en apagarse.
Ahora, muchas de aquellas manos inconscientes ya no se agitan en el aire, ya no bailan en una fiesta que no les pertenecía. Unas, permanecen abatidas en un hospital, temerosas ante la más cruel de las incertidumbres, otras, tuvieron menos suerte, y partieron hacia lo desconocido, no les dejaron despedirse de sus seres queridos.
Entre todas lograron dejar las calles desiertas y llenar los hogares de nuevas esperanzas que, cada atardecer a las ocho, aplauden y rezan por la vida.
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